Adrián «Kanú» Lezama: dejar la vida en la cancha por un país

Velocidad, potencia y técnica eran las cualidades que describían a Adrián José Lezama Español dentro de la cancha. Con una gran actuación en el Sudamericano sub 20, «Kanú» fue un pilar fundamental en la primera clasificación de Venezuela a un Mundial de fútbol.

Era uno de los futbolistas con más proyección en aquella histórica Vinotinto Sub 20 que hizo sonar el Gloria al Bravo Pueblo en Egipto 2009. Reunía todas las cualidades para perderse de vista. Fuera de la cancha, siempre se dio a conocer por su humildad.

Sin embargo, la vida y el fútbol fueron injustos con «Kanú» y las lesiones lo apartaron de las canchas. Actualmente camina con dificultad. En Egipto disputó sus más importantes y últimos partidos.

Adrián «Kanú» Lezama en el Mundial Sub 20 del 2009. Fotografía: Nelson Pulido

¿Qué pasó con la carrera de Adrián Lezama?

El 8 de febrero de 2009, a las 6:15 PM, ingresó a la cancha del Estadio José Antonio Anzoátegui, de Puerto La Cruz, el equipo de fútbol venezolano Sub 20. Entre los 11 jugadores titulares, había un joven moreno que, desde pequeño, soñó con ser futbolista.

Este muchacho sabía que esos minutos que disputaría podían cambiar no solo la historia de su vida, sino la de todo un país. Pues se iba a jugar el partido entre Venezuela y Uruguay. Duelo correspondiente a la última jornada de la segunda fase del campeonato y si la Vinotinto ganaba, clasificaría por primera vez a un Mundial de Fútbol.

Aunque la selección uruguaya dominó en los primeros compases del partido, en el minuto 14, José Manuel Velázquez, defensor venezolano, apareció en el área charrúa para cabecear un centro enviado por Louis Ángelo Peña desde el tiro de esquina y así colocó el 1-0 parcial a favor de la Vinotinto.

El gol no cambió demasiado el trámite del partido. El portero venezolano, Rafael Romo, se vistió de héroe para despejar cada remate de los celestes. Pero, en el 44’, justo antes de terminar la primera mitad del partido, Santiago García empató el marcador.

Todo estaba servido para que en el segundo tiempo el equipo venezolano, dirigido por César Farías, hiciera historia o se quedara a las puertas de la grandeza. El moreno delantero se hizo protagonista en el minuto 54, cuando hizo gala de su velocidad y potencia. Desbordó por la banda izquierda y envió un centro que el defensor Alejandro Peña no pudo despejar de manera correcta y terminó metiendo el balón en su propio arco. Autogol uruguayo que tenía sabor a gloria. Todo gestado en los pies del rápido futbolista.

Con el tanto de la remontada llegaron los mejores minutos de la Vinotinto en el partido. Las jugadas de peligro se multiplicaron y el tercer gol estaba cada vez más cerca. En el minuto 70, Rafael Acosta, hábil volante de contención, recibió el balón en el campo rival, enganchó hacia adentro y envió un derechazo espectacular que se coló en la escuadra del arquero uruguayo. Este golazo del mediocampista colocó el 3-1 que terminó siendo definitivo.

Tras la anotación de Acosta, el director técnico, Farías, reemplazó al delantero protagonista del segundo tanto y le dio ingreso a Jonathan Del Valle. Fue así como durante 70 minutos, el moreno atacante ayudó a Venezuela a clasificar a un Mundial.

Quienes vieron el partido, disfrutaron de un rapidísimo jugador que nunca dio una pelota por perdida, pero pocos sabían que por mala suerte y por malas operaciones, su rodilla derecha prácticamente no funcionaba. Además, solo unos meses antes, había sufrido un accidente de tránsito que por poco no solo lo aleja de las canchas, sino que casi le quita la vida. Solo quienes estaban en aquella selección saben que en cada entrenamiento, tuvo que exigirse al máximo para que sus molestias físicas no lo hicieran rendir menos que sus compañeros. Ese chico es Adrián José Lezama Español, mejor conocido como “Kanú”.

Aquella pelota que Lezama luchó en el minuto 54 es una metáfora de su vida. Esforzándose para superar adversidades, sin importar lo difícil que parezca. Actualmente, fuera de las canchas y casi sin poder caminar, sigue haciéndolo.

La alineación venezolana de aquel día fue: Rafael Romo, Juan José Morales, José Manuel Velázquez, Henry Pernía, Pablo Camacho, Carlos Salazar, Francisco Flores, Ángelo Peña, Rafael Acosta, Salomón Rondón y Adrián Lezama. Entraron de cambios Guillermo Ramírez, Jonathan Del Valle y Mauricio Parra. Estos fueron los jóvenes que hicieron un partido histórico.

Un puñado de venezolanos en el terreno, miles en el estadio y millones desde sus casas, vivieron la primera clasificación de una selección venezolana a un Mundial de fútbol. Muchos rieron, otros lloraron, pero todos celebraron junto a ese grupo de jóvenes que, en Puerto La Cruz, se vistieron de héroes.

Clasificar a un Mundial es una meta para cualquier jugador de fútbol. Sin embargo, para un futbolista venezolano, es un hecho aún más importante si se tiene en cuenta que son pocas las veces que una selección Vinotinto ha llegado a una máxima cita del fútbol mundial.

La selección masculina Sub 20 en el 2009 fue la pionera al clasificar al Mundial de Egipto. Luego de ellos, han sido varios los equipos juveniles masculinos y femeninos que han llegado a Mundiales FIFA, además de participaciones mundialistas en fútbol playa y futsal. Pero como muchas cosas en la vida, las primeras vees son las que se recuerdan con más cariño.

La clasificación de esa selección en el 2009 despertó un montón de ilusiones en todo el público futbolero del país. Los jugadores empezaron a vivir experiencias únicas y todo indicaba que varios de ellos serían los próximos líderes del fútbol venezolano. Para Lezama fue un sueño hecho realidad, pero que poco a poco se convirtió en una pesadilla.

El comienzo de San Kanú

Adrián José Lezama Español nació en Puerto Ordaz el 22 de julio de 1989. Aunque en su casa no faltaba el pan, tampoco sobraban el jamón y el queso. Era una familia humilde que, con mucho esfuerzo, luchaba para salir adelante. Aún era muy pequeño, tenía solo cinco años, cuando su mamá decidió mudarse a La Guaira para vivir en casa de una de sus tías. Desde entonces, junto a su hermano, Luis Enrique, y a sus primos Betsy, Leomer y Deivis, Adrián comenzó a correr y a jugar por todo Valle La Cruz.

Para llegar a la casa de su tía hay que pasar por todas las estrechas calles del barrio, después de recorrer un montón de curvas, casas y empinadas subidas, al llegar a la cima de la montaña, hay que bajar por unas largas, angostas y traicioneras escaleras. Es decir, no solo queda en lo más alto de la montaña, sino que hay que rodearla casi por completo. Es la casa más alejada de Valle La Cruz.

Adrián, quien decía que quería ser Guardia Nacional, no necesitaba juguetes para hacer que cualquier tarde fuera divertida junto a sus primos. Bastaba con los árboles que aún rodean la humilde casa  para pasarla bien, mientras esperaba que su mamá, Inés, regresara de las largas jornadas laborales que enfrentaba todos los días.

Cuando su abuelo Heraclio enfermó de cáncer, volvió a Puerto Ordaz. Tenía nueve años. En la ciudad del estado Bolívar se residenció en El Caimito. En las calles de esta urbanización podía salir a jugar con sus amigos y así quemar el montón de energía que tenía.

Heraclio trabajaba para una empresa llamada Ferrominera y fue su empleo el que le permitió adquirir esa casa, en la cual Adrián vivió una parte de su niñez. Jugando en la cancha de futbolito que quedaba a unas cuadras de su hogar, “Tito”, uno de los mejores amigos de Lezama, lo empezó a llamar “Kanú”, por su parecido con el delantero nigeriano, Nwankwo Kanu. Fue así como su historia futbolística adquirió un apodo que lo terminó representando más que su propio nombre.

Su talento lo llevó a que sus amigos discutieran por tenerlo en su equipo en todos los encuentros improvisados que disputaban. Así inició “San Kanú”, pues resolvía todos los partidos difíciles con su potencia, velocidad, habilidad y por supuesto, con sus goles.

En esa pequeña cancha de fútbol sala, Kanú demostró que tenía un talento especial para jugar. Era más rápido y más hábil que sus amigos. Jugaba más tiempo y se cansaba menos. Estas cualidades lo llevaron a inscribirse en Guayanés Fútbol Club, el cual se convirtió en su primer equipo de fútbol. Tenía 11 años. Su tío, Ivés Daniel Lezama, mejor conocido como “Zamuro”, fue quien lo acompañó por primera vez al campo y una de las personas que más lo apoyó durante su infancia.

Mientras se desenvolvía en las canchas de Puerto Ordaz, Kanú también tenía que estudiar. En sus primeros años de colegio, era un niño que sacaba buenas calificaciones, pero su inagotable fuente de energía lo llevaba a ser demasiado inquieto. La carrera académica de Lezama finalizó en séptimo grado, pues para ese momento, toda su vida giraba en torno al fútbol.

En el primer lapso de séptimo año le quedaron tres materias y su mundo se vino abajo. Pensó que eso era demasiado y un día simplemente dejó de ir al colegio. Cuando Cruz, su abuela, le preguntó si pensaba volver, le contestó sin vacilar que prefería al balón por encima de los cuadernos.

En la cancha no necesitó demasiado tiempo para llamar la atención de todos. Para que pudiera desenvolver su potencial, Henry, uno de sus compañeros de juego en El Caimito, le obsequió su primer par de tacos. Eran unos Puma King que estaban prácticamente nuevos y que Adrián aprovechó al máximo.

Para poder explotar todo su talento, Kanú necesitaba entrenadores que lo llevaran por el camino correcto. Por eso agradece a sus profesores. El primero que se encargó de dirigir a Lezama fue Denis Maita, luego vinieron “Guacharaca” Vargas y Carlos Centeno.

Además de su tío, Kanú no tenía mayor apoyo por parte de su familia en sus inicios en el fútbol. Recuerda que en la primera Final que jugó, ante el equipo Loyola, Ivés y compañía llegaron y ya el partido se había acabado. Perdieron 2-1.

En la segunda Final que disputó, su familia volvió a llegar tarde, pero no tanto. Esta vez aparecieron en las gradas a los 20 minutos del partido, por lo que se perdieron el primer gol que anotó “San Kanú”. Sin embargo, estuvieron ahí para celebrar juntos. Más allá de eso, no era demasiado el apoyo de su familia.

Partido a partido, el pequeño, pero rapidísimo delantero, se convirtió en un jugador deseado por muchos equipos de Puerto Ordaz y llamó la atención de todo el fútbol venezolano. Su primer torneo de fútbol lo jugó en el 2001 y solo dos años más tarde, en el 2003, recibió su primera convocatoria a la selección Sub 17 de Venezuela.

Luego de su paso por Guayanés, jugó en un equipo llamado Milenio, para después pasar, por seis meses, a Mineros de Guayana. Aunque no estuvo mucho tiempo con los negriazules, ahí conoció a Juan García, uno de los delanteros más importantes en la historia del fútbol venezolano y que luego se convertiría en un contacto importante para Kanú.

Con Lino era otra cosa

Fue en sus primeros pasos con la Vinotinto cuando conoció a Lino Alonso, quien se convirtió en su padre futbolístico. En el 2005, cuando Lezama tenía 16 años, Alonso se lo llevó a Caracas para que jugara con  la categoría Sub 17 del equipo Santo Tomás de Villanueva, una de las escuelas de fútbol que más jugadores ha llevado a las selecciones de Venezuela y también a los equipos profesionales del país.

Aunque la idea era que participara con los muchachos de su categoría, por su calidad, Alonso solía poner a Lezama con jugadores de mayor edad. Incluso llegó a jugar la Copa Lides, que era de categoría libre. Lo hacía con una ficha falsa, por supuesto.

Alonso falleció el 9 de abril de 2017 y cuando Kanú se enteró de la noticia, se vio bastante afectado, pues además del fútbol, el entrenador fue un apoyo en muchos aspectos de la vida del delantero. Son miles las anécdotas y momentos vividos. Montones de risas alegres tras las victorias y lágrimas de cansancio productos del fuerte trabajo físico que imponía.

Lezama cuenta que ahora sonríe cada vez que pasa por el parque Los Caobos, pero que hace unos años, era un sitio casi de tortura, donde pasaban días y noches corriendo y entrenando. Recuerda que Alonso era un tipo al que no le gustaban los lujos. Todo se lo tenían que ganar a base de esfuerzo y dedicación. Si querían algo, tenían que lograrlo en la adversidad. “Con Lino era otra cosa”, dice Kanú.

Desde las seis de la mañana hasta el mediodía, para luego hacer una segunda sesión de dos de la tarde a ocho de la noche, eran los horarios de entrenamientos de Alonso.

Con especial cariño, Kanú recuerda que un viernes entrenaron hasta las 11:30 PM. Luego de cenar se acostó a dormir y a las cuatro de la mañana del sábado escuchó que tocaron la puerta. Era Alonso, esperándolo para ir a entrenar hasta las ocho de la mañana. Desayunaron y a las nueve tuvieron un partido contra el Centro Ítalo Venezolano. Ese día perdieron el primer tiempo tres goles a cero. Pero, en la segunda mitad, Alonso cambió de posición a Lezama y fue así como pudo anotar tres goles para ayudar a su equipo a remontar. San Kanú salvó a sus compañeros de un domingo de trabajos físicos de castigo, porque “con Lino era otra cosa”.

En ese mismo equipo, pero una categoría más arriba, estaban jugadores que luego fueron profesionales, como Francisco Pol, Ricardo Andreutti y Javier González.  Gran parte del desarrollo futbolístico de Kanú se dio en Caracas, de la mano del histórico Lino Alonso.

Antes de llegar al fútbol profesional, volvió a Puerto Ordaz para jugar con Guayana FC, un equipo creado por Edmundo Kabchi. Ahí compartió con futbolistas de su edad que terminaron siendo importantes en su vida, como José Manuel “Sema” Velázquez y César “Mágico” González. Además, Kabchi se convirtió en su agente.

Con nostalgia, Adrián recuerda que para un encuentro muy importante que disputó con Guayana FC, contra Cesarger, equipo cumanés, Lezama invitó a su familia, pero volvieron a llegar tarde. Este juego era la revancha tras haber perdido en la capital de Sucre, por lo que las esperanzas recaían en “San Kanú”. Ese día marcó cinco goles y ayudó a su equipo a clasificar.

Inspirado siempre en ayudar y sacar adelante a su familia, Lezama siempre se exigió al máximo con la esperanza de poder llegar lejos y así entregarles todo lo que no tenían, pues por las cosas que le contaban, sus más allegados pasaron por tiempos muy difíciles y no quería que eso se repitiera.

De juvenil a profesional

Tras pasar por Guayana, la carrera futbolística de Kanú continuó con su acelerado ascenso. En el 2006 realizó su primera pretemporada con un equipo profesional. Fue en Valencia, con el Carabobo Fútbol Club. En esta nueva aventura, Lezama compartió camerino con jugadores de la talla de Daniel “Cafú” Arismendi, Daniel Delfino, Renny Vega, Giácomo Di Giorgi y Frank Piedrahita, varios de ellos ya estaban en la selección nacional. El entrenador era Del Valle Rojas.

Tras estar fuera de las convocatorias en los primeros partidos, ese mismo año, de la mano de Alonso, quien asumió el mando del equipo en pleno torneo, llegó el debut de Adrián. Fue el 16 de septiembre del 2006, contra Portuguesa, en Acarigua. Tenía 17 años.

“Ya sabes. Tienes que correr y meter con fuerza”, fueron las palabras de Alonso antes de darle ingreso a Lezama. Ese primer partido profesional fue un presagio de lo que sería la carrera como futbolista de Kanú. Aunque jugó pocos minutos, se exigió al máximo físicamente, al punto de que al terminar el encuentro se sentía ahogado por sus constantes corridas por la banda para atacar y defender bajo el intenso calor llanero.

“Kanú, sube”, “Kanú, baja”, “Kanú, marca”, “Kanú, aprieta” eran las indicaciones que recibió desde el banquillo. Ese era Adrián Lezama en la cancha. Un veloz jugador que nunca daba una pelota por perdida. En esos 15 minutos, volvió a quedar demostrado que “con Lino era otra cosa”. En esa primera temporada, Lezama anotó su primer gol. Lo hizo contra Zamora Fútbol Club en la ciudad de Socopó.

Cuando llegó a Carabobo, Adrián no sabía casi nada del fútbol venezolano. Solo veía por televisión partidos de las grandes ligas europeas y nada más conocía los nombres de Ronaldinho y otros futbolistas famosos. En uno de sus primeros días en la concentración del cuadro granate, un grupo de jugadores estaba jugando pool y Jonathan Laurent, capitán de aquel equipo, le dijo a Kanú “mira, ahí está Renny Vega”, y la respuesta del joven fue “¿Quién es Renny?”. Laurent se sorprendió, pues Vega era el arquero de la selección en aquel momento.

Daniel “Cafú” Arismendi, uno de los goleadores de la selección venezolana, junto al propio Vega y otros experimentados futbolistas, acogieron a Lezama como su protegido y siempre lo aconsejaron y ayudaron.

Luego de la temporada 2006-2007, debido a las deudas que tenía el Carabobo con sus jugadores, el agente de Lezama, Edmundo Kabchi, lo llevó a Zamora, equipo que se fijó en Adrián gracias a las buenas actuaciones que tuvo el delantero contra ellos. Su entrenador fue Darío Martínez.

En lo deportivo, el paso de Adrián por Carabobo fue positivo, pues debutó como profesional y así comenzó a ganarse el respeto y reconocimiento de fútbol venezolano.

Los mejores momentos

Con el fichaje con Zamora, llegaron dos grandes oportunidades para Lezama. Una de ellas fue que la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) instauró la norma de que todos los equipos profesionales debían tener un jugador Sub 20 en cancha, por lo que Kanú tenía más posibilidades de ser titular. Y el otro chance fue que Zamora había clasificado a la Copa Sudamericana y esto le abrió las puertas para empezar a tener roce a nivel internacional.

El cambio de equipo fue positivo para Kanú. Aunque en los primeros partidos no alineó como titular, porque el lateral izquierdo Richard Badillo ocupaba el lugar de juvenil, se ganó un puesto rápidamente. En la tercera jornada de aquel torneo recibió su primer chance para abrir un partido. Fue ante Llaneros en el Estadio Agustín Tovar, “La Carolina”, en Barinas, y ese día se adueñó del puesto.

La experiencia que había adquirido en Carabobo se multiplicó en Zamora. Fue en Valencia donde aprendió a ignorar las críticas y la desconfianza que tienen algunos experimentados hacia los juveniles, para luego en Barinas explotar todas sus cualidades con total confianza.

Además, jugadores como Tomás Rincón o Evelio Hernández, quienes estaban en Zamora, recibieron a Kanú con los brazos abiertos. Adrián no solo creció dentro de las canchas, sino que también tuvo que madurar en todos los aspectos de su vida. Estando en Barinas se convirtió en padre. En sus inicios con Zamora, el 8 de noviembre de 2007, nació Adriano.

Su paso por Barinas tuvo otro ingrediente importante cuando, tras jugar el partido de Copa Sudamericana contra Olmedo, de Ecuador, Lezama recibe su primer llamado a la Vinotinto de mayores. Fue el técnico Richard Páez quien decidió convocar a cuatro juveniles, tres de ellos terminaron haciendo historia en el 2009: Ángelo Peña, Francisco Flores y Kanú.

Eduardo Saragó fue el último entrenador que tuvo Lezama en Zamora. Con este cuerpo técnico, Kanú se sentía bastante cómodo. Pues la forma de entrenar y la manera de ser de ellos encajaban con las expectativas del ya más experimentado delantero.

Sin embargo, el paso de Lezama por Barinas tuvo un bache. En los últimos partidos de la temporada, Kanú sentía un “pequeño pellizco” en el menisco de la rodilla derecha. Esta molestia lo obligó a pasar por el quirófano para una pequeña operación ambulatoria, que consistía en abrir, limpiar, pulir y cerrar la herida. Esta fue la primera de una larguísima lista de cirugías.

Aunque la intención de Lezama era irse al Deportivo Italia con Saragó y compañía, en mayo del 2008, tras una positiva temporada en Zamora, Kabchi impulsa a Kanú a tomar la decisión de irse al Deportivo Anzoátegui.

El día que volvió a nacer

En Puerto La Cruz cambió completamente la carrera de Lezama. La solvencia económica y la situación deportiva de Anzoátegui fueron las razones por las cuales Kabchi decidió llevar a Adrián a oriente, pero las cosas no salieron como estaban planeadas.

Mientras el Deportivo Italia se coronaba campeón del Torneo Apertura y pagaba buenos sueldos, Anzoátegui terminó en los últimos lugares de la tabla de posiciones y se endeudó con todos sus futbolistas. Marco Mathias fue el primer estratega que dirigió a Lezama en Puerto La Cruz, luego vino José Hernández.

Cuando recién había fichado con el cuadro oriental, viajó a Cuba con la selección Sub 20 para disputar un torneo de preparación previo al Campeonato Sudamericano. En una de las maltratadas cubanas, sufrió un esguince en el tobillo derecho que pudo haberse curado con terapias, pero que fue mal tratado. Regresó a Venezuela con molestias.

Aunque esta lesión ocurrió con la Selección, la Federación Venezolana de Fútbol nunca se hizo responsable.

El momento más duro que atravesó Kanú en Anzoátegui fue el 22 de julio de 2008, en su cumpleaños número 19, cuando sufrió un accidente automovilístico que casi le cuesta la vida. “Ese día volví a vivir”, dijo Adrián.

Un sábado, tras el entrenamiento matutino, Lezama decidió irse a Puerto Ordaz junto a César “Mágico” González, para visitar a sus familias. Este era un viaje común para Lezama, pues solía realizarlo cada vez que le daban días libres, pero se complicó.

Tras pasar un buen fin de semana en su ciudad natal, debía llegar a Caracas para reportarse a la Selección nacional Sub 20, pues ese martes se iban de viaje para disputar unos partidos en Argentina y Uruguay.

Como no consiguieron vuelos, Kabchi, quien también representaba a González, decidió enviarlos vía terrestre con “Chichí”, un chofer de su confianza, en un Toyota Camry, en lugar de hacerlo en su avioneta o en un transporte más cómodo y seguro. Salieron de Puerto Ordaz el lunes 21 de julio en la tarde.

Para complacer a “Mágico”, quien aprovechaba los viajes para dormir las horas que no descansaba durante las noches, Kanú le cedió el asiento trasero y se sentó en el puesto del copiloto. El primer recuerdo que Lezama tiene del viaje fue decir “que Dios nos cuide”, al ver un camión volcado a la salida del puente Orinoquia.

En el camino, mientras dormía, Kanú escuchó un estruendo que lo despertó de golpe. Era el sonido de las ruedas del carro sobre las piedras y tierra que estaban al borde del camino. “Chichí” se excusó echándole la culpa a otro vehículo, y aunque Lezama no le creyó, no le dio mayor importancia.

De vuelta al camino, el jugador volvió a dormirse, pero al despertar, vio que el carro iba en sentido contrario. Resulta que el chofer se estaba quedando dormido.

A partir de ese momento, Lezama decidió no volver a cerrar los ojos y comenzó a insistirle al conductor que hicieran una parada para tomar café y descansar. Se detuvieron por un momento, pero, Kabchi estaba llamando a “Chichí” y ejerciendo presión, pues debían estar en Caracas a primera hora. “De 230 -kilómetros por hora- no bajes”, decía el agente.

Tras la parada, Kanú, confiado en que el chofer ya había recargado las pilas, decidió dormir. El error fue no darse cuenta de que no tenía puesto el cinturón de seguridad, cosa que si había hecho en la primera parte del viaje.

Al despertarse, solo vio humo y vidrios rotos. El Camry había chocado contra un camión y obviamente se llevó la peor parte. Lezama no recuerda ni siquiera a qué velocidad iban ni como fue el accidente. Al llevarse las manos al rostro, sintió profundas cortadas y mucha sangre, mientras que González salió prácticamente airoso del choque, pues estaba acostado y los asientos delanteros amortiguaron su impacto.

Su primera reacción fue buscar unas papitas Pringles que había comprado antes del viaje para saciar el hambre que sentía. Al intentar pararse, sintió que se le venía el mundo encima y dijo “si me voy morir, que sea sentado y no tirado en la carretera”, por lo que se acomodó a un lado del maltrecho vehículo. Lo poco que recuerda es que “Mágico” le decía: “Negro no te vayas a morir, negro”, mientras que “Chichí” le pedía ayuda a González. Era la madrugada del martes 22 julio, cumpleaños de Adrián.

González, quien era el más consciente y sano de los tres viajeros, llamó a Rodrigo Piñón, empleado de la Federación, para pedir ayuda. Gracias a esta llamada, llegaron conocidos de los jugadores con dos ambulancias para auxiliarlos. El accidente fue cerca de El Guapo.

El hospital Razzetti fue el elegido para llevar a Kanú y al chofer. Lezama, que podía escuchar todo, cuenta que en el camino, los conductores de las ambulancias iban bromeando y haciendo apuestas para ver quien llegaba primero. En el centro médico, Lezama fue trasladado a emergencias. Recuerda con dolor que ahí limpiaron y cerraron todas sus heridas sin anestesia.

Querer ahorrar dinero en pasajes terminó saliendo muy caro.

Por gestiones de Deportivo Anzoátegui, Lezama fue trasladado a una clínica, donde lo llevaron a cirugía por las heridas que tenía en su labio. Tanto el personal médico como los aficionados del equipo se portaron muy bien con Kanú. Recibió visitas y regalos que lo tranquilizaron.

Tras casi tres meses en la clínica, Lezama volvió a su vida normal, pero nada fue igual. Con el impacto, su rodilla derecha se vio afectada y tuvo que pasar, de nuevo, por el quirófano. Lo operaron en Mérida, sin embargo, no se sentía cómodo y la articulación se inflamaba con frecuencia.

Un guerrero con una sola rodilla

Tras aquella primera convocatoria en 2003 y aquel llamado hecho por Richard Páez pocos años atrás, el nuevo técnico de la selección, César Farías, hizo constante a Kanú, quien estaba en Deportivo Anzoátegui, en los módulos de la Vinotinto Sub 20.

Esa selección estaba repleta de jugadores que ya eran profesionales gracias a la implementación de la regla del juvenil. Además, la inversión que realizó la FVF fue muy importante y el equipo tuvo la oportunidad de viajar a Centro América, Europa y varios países sudamericanos para disputar torneos de preparación. Uno de esos torneos se lo perdió Kanú por estar de reposo luego del choque.

Tras el accidente y la operación, Farías convocó a Lezama para un módulo en Cumaná. A pesar de las molestias, el jugador hacía el mismo trabajo, con la misma fuerza, que sus compañeros, pues cada vez faltaba menos para el Sudamericano Sub 20 que se iba a disputar en Venezuela y era una oportunidad única en la vida. La inactividad también lo afectó en otros aspectos, pues Adrián llegó a la selección con sobrepeso, sin ritmo futbolístico y sin condiciones físicas óptimas.

Lezama recuerda que sentía mucho dolor en la rodilla en un entrenamiento en Puerto La Cruz, luego de que el entrenador, Farías, dio la lista definitiva de los futbolistas que jugarían el Campeonato Sudamericano.

La molestia era tal que Kanú hizo algo que no acostumbraba: pedirle al preparador físico, Fabián Bazán, que lo dejara salirse de la práctica. Cuando Farías escuchó esto, se acercó al jugador y le dijo: “aprieta los dientes y termina el entrenamiento, porque si te sales y vas a ponerte hielo, la prensa me va a caer encima porque deje afuera a Breitner Da Silva, Juan Falcón y Gelmín Rivas por meterte a ti, que estás lesionado”. Adrián no tuvo más remedio que terminar la sesión.

El dolor y las molestias en la rodilla y el tobillo eran constantes desde que inició el campeonato hasta que finalizó, pero la presión le impedía bajar el ritmo y se esforzó, poniendo en riesgo su físico y su carrera. El hielo después de cada entrenamiento se convirtió en su mejor amigo.

Lezama jugó el Sudamericano a la mitad de su capacidad. En condiciones normales, era mucho más rápido y desequilibrante. Sin embargo, a pesar de correr prácticamente sobre una sola pierna, destacó.

El hecho de que el campeonato se jugara en casa, no significaba que las cosas iban a ser más fáciles. El grupo de jugadores sabía que tenía una oportunidad única y la afrontaron como tal. Nunca hablaron de qué iba a pasar si no iban al Mundial, siempre hubo optimismo y unión

Para ese momento, Adriano tenía solo dos años. Lezama era el único del equipo que tenía un hijo, por lo que en cada visita del bebé a las concentraciones, todos los jugadores se convertían en tíos y se preocupaban por cuidarlo.

Fue esta química la que ayudó a los jugadores a hacer historia.

En la primera ronda, la Vinotinto empató a un gol con Argentina, igualó sin goles contra Ecuador, se impuso 3-1 ante Perú y empató 1-1 ante Colombia. Con esos resultados, selló su clasificación a la segunda fase del campeonato.

En la segunda vuelta, Venezuela inició ganando 2-1 sobre Colombia, para luego perder 3-0 dos partidos seguidos, con Paraguay y Brasil respectivamente. Las cosas parecían ir mal, pero un empate a un gol con Argentina, dejó la mesa servida para un espectacular último duelo contra Uruguay. Si la Vinotinto ganaba, clasificaba al Mundial.

Los jugadores sabían que tenían que ganar sí o sí para ir al Mundial y conocían al equipo uruguayo. Jugadores como Abel Hernández o Nicolás Lodeiro, que hoy en día son reconocidos mundialmente, estaban en ese equipo. Era la ocasión perfecta para hacer historia en su propia tierra.

El día del partido, en el camerino, el psicólogo del equipo de la selección les reprodujo un vídeo con todo lo que habían vivido hasta ese momento durante todo el proceso. Esto los motivo al máximo y el resultado quedó plasmado en el campo.

La victoria 3-1, puso por primera vez en la historia, el nombre de Venezuela en una Copa del Mundo.

El aporte de Kanú para esta hazaña fue fundamental. Jugó los partidos ante Colombia, Argentina y Uruguay y en todos tuvo un papel protagónico. Fue así como Adrián arriesgó su físico y su carrera, por defender la camiseta nacional.

Tan cerca, pero tan lejos

Meses antes de iniciar el Mundial Sub 20 en Egipto y mientras militaba en Anzoátegui, Kanú estuvo cerca de cumplir un paso más en su corta, pero ascendente carrera: jugar un partido por las eliminatorias mundialistas absolutas.

Para el duelo correspondiente a la decimotercera fecha de las eliminatorias sudamericanas rumbo a Sudáfrica 2010, Venezuela visitó a Bolivia en el estadio Hernando Siles, ubicado en La Paz a 3.600 metros de altura sobre el nivel del mar.

Para esa jornada de eliminatorias, por las características del campo, el director técnico, Farías, realizó una larga preparación en Mucuchíes, Mérida. La estrategia era hacer una doble convocatoria, para que los jugadores que militaban en el exterior jugaran contra Uruguay días después, dándole así la posibilidad de jugar en La Paz a los Sub 20 recién clasificados a su Mundial.

Lezama era uno de los jugadores que estaba en los planes del cuerpo técnico, pero entrenar en el páramo perjudicó la salud del jugador. Antes de que el equipo viajara fuera del país, se organizó un partido amistoso frente a Costa Rica, pero el día del juego, Kanú tenía una fiebre alta. Lezama terminó en una ambulancia, detrás del autobús en el que iban sus compañeros.

Las palabras del médico fueron claras “si subes a La Paz, te doy tres días de vida”. Lezama tenía bronconeumonía y por este motivo, salió de la convocatoria y no pudo estar presente en la histórica victoria 0-1 de la Vinotinto. Esta fue la primera vez que la selección venezolana triunfó en el Hernando Siles.

En el limbo

Al finalizar el Campeonato Sudamericano y tras haberse perdido el partido contra Bolivia, Kanú volvió a Anzoátegui. A pesar de que estaba muy lesionado, entrenó con todo el grupo, pues ya el equipo le había pagado todos los meses que estuvo inactivo y no quería sentir que estaba aprovechándose del club. Adrián quería aportar.

Entonces jugó todo el torneo siguiente así: con molestias constantes y cada vez más fuertes en la rodilla. Esto afectó su rendimiento, pero no podía parar. Cada vez faltaba menos para el Mundial y tenía que jugarlo.

Con el equipo aurirojo, además de sufrir un accidente que pudo haber terminado en tragedia, “San Kanú” disputó sus últimos minutos y anotó su último gol como profesional. Luego de un año en el Deportivo Anzoátegui, Adrián le pidió a Kabchi que lo traspasara al Deportivo Italia de Saragó y entonces iniciaron las negociaciones.

Las conversaciones llegaron a una conclusión positiva y Lezama se fue a Caracas para unirse al cuadro dirigido por Saragó. Tras una semana de entrenamientos, el jugador tuvo que concentrarse con la selección Sub 20 para luego irse a Egipto, mientras pedía al club que corrigieran algunos detalles del contrato. El tener a un jugador con tanto talento en un Mundial de fútbol es un negocio potencial para un equipo y por eso vinieron los problemas.

La principal disyuntiva entre lo que pedía Deportivo Italia y Edmundo Kabchi, era que el equipo quería quedarse con el 25% del pase del jugador, mientras que el representante aspiraba a darles máximo el 8%. Todo esto ocurría mientras Kanú se concentraba solo en la cancha y el balón.

Para cuando la selección viajó a Egipto, Lezama aún no había firmado el nuevo contrato. Es decir que prácticamente se fue sin equipo. A todas estas, el Deportivo Italia tramitó todo en la FVF sin la firma del jugador.

Una preparación tortuosa

Sin tener equipo, Adrián se integró a la Vinotinto Sub 20 para disputar un torneo de preparación en Maracaibo. Ahí, el cuerpo técnico dividió el grupo en dos, la selección A y la B. Lezama fue puesto en el equipo B.

Al terminar el torneo, Kanú fue enviado a una clínica por una gran inflamación en la rodilla. El diagnóstico fue que tenía líquido acumulado en la articulación y había que drenarlo.

Tras realizarle ese procedimiento, el equipo siguió viajando por Venezuela para continuar con su preparación previa al Mundial. Durante esa gira, Adrián estuvo entrenando diferenciado del grupo por muchos días. Se reintegró semanas más tarde, pero aún tenía molestias.

En Puerto La Cruz le realizaron una resonancia en la que se vio que tenía el menisco de la rodilla roto. Con los resultados en la mano, el cuerpo técnico de la Selección se reunió para tomar una decisión sobre Kanú. Faltaba poco más de un mes para el Mundial. Sabían que Lezama había jugado el Sudamericano a la mitad de su capacidad, pero eso era suficiente. Así que lo llevaron.

Para que llegara bien, la decisión fue practicar una operación más en la rodilla de Adrián. El encargado de la cirugía fue Gianni Mazzoca, acompañado de otro médico que, durante la intervención, según recuerda Lezama, batuqueaba la pierna de Lezama. En la rodilla quedaron restos de menisco y cartílago. El resultado fue una operación fallida.

Días más tarde, la selección viajó a España para jugar unos últimos partidos amistosos. Decidieron llevar a Lezama, para que pudiera realizar las terapias con el personal médico de la Vinotinto y así poder controlar la evolución del jugador antes del Mundial. En España, Adrián siempre trabajó aparte. Solo hacía terapias y gimnasio.

A la conquista de Egipto con una sola pierna

A pesar de las lesiones de tobillo y rodilla, las malas operaciones, el accidente de tránsito y la bronconeumonía, Adrián se ganó un puesto en la lista definitiva de jugadores que en el 2009 viajaron a Egipto para el Mundial. Con mucho esfuerzo, Kanú aprovechó la oportunidad de pertenecer al grupo de futbolistas que hicieron historia al entonar, por primera vez en la vida, el Gloria al Bravo Pueblo en una Copa de Mundo.

Sin embargo, las condiciones físicas de Lezama no estaban ni cerca de ser las mejores. En Egipto siguió haciendo rehabilitación y, aunque los trabajos estaban enfocados en su rehabilitación, sentía que a veces eran demasiado fuertes.

En el país mundialista Lezama vivía cada día de una manera particular. Apenas se levantaba por las mañanas, sabía si iba a pasar el día bien o mal. Todo dependía de cómo se sintieran la rodilla y el tobillo al afincar. A veces sonaba algo y durante todo el día, no podía caminar bien. A veces no pasaba nada y podía hasta correr.

Logró integrarse a sus compañeros a pocos días del primer partido y poco a poco iba agarrando ritmo futbolístico. De hecho, marcó un gol en un amistoso previo al debut, contra un equipo de la segunda división egipcia.

Pero, cuando todo parecía ir bien, volvió a sentir molestias en la rodilla derecha y en el tobillo. En El Cairo se disputó el primer juego de la Vinotinto en un Mundial. Fue ante Nigeria y terminó con una histórica victoria  0-1 de Venezuela. Kanú lo vio desde el banquillo.

El segundo duelo fue ante Tahití. Apenas el marcador se puso 3-0 a favor de Venezuela, Bazán le dijo a Lezama: “Ni te muevas, ponte hielo en la rodilla”. El juego terminó 8-0.

El tercer y último encuentro de la Fase de Grupos fue contra España. Era el minuto 62 y la Vinotinto estaba perdiendo 0-3. Entonces el médico de la Selección se acercó a Adrián y le preguntó si se sentía bien. Al responder que sí, le dan la orden de ponerse los tacos, pues iba a ingresar. Aunque no estaba a plenitud de sus condiciones físicas, no se sintió mal en la cancha. Las consecuencias vinieron después.

Luego de una buena Fase de Grupos, Venezuela tuvo que viajar de El Cairo a Suez, para disputar los Octavos de Final ante la selección de Emiratos Árabes Unidos. Esos días fueron un martirio para Kanú. Tras jugar casi media hora ante España, el tobillo y la rodilla le dolían más de lo normal. Sentía que se le desprendían del cuerpo. Sin embargo, entrenaba como podía, haciendo magia para ponerse las medias y los tacos.

Para poder calzarse los zapatos, se ponía esparadrapos por todo el pie, con el objetivo de que esto amortiguara las pisadas.

El día del partido de Octavos de Final fue el peor. Con cada paso que daba, Lezama sentía que se le iba la rodilla. Sin embargo, no le quedó más remedio que uniformarse.

Estaba calentando al lado de una de las porterías del campo cuando escuchó un gritó. “Kanúuuu”, era Farías, llamándolo para ingresar. “Ay Dios mío, otra vez ‘San Kanú’, pero sin rodilla y sin tobillo”, pensó Lezama. El partido estaba 2-1 a favor de los árabes.

En ese momento, Adrián pegó una carrera desde donde estaba hasta el banquillo. No sabe cómo lo hizo, pero lo logró. Ingresó en el minuto 86 y apenas pisó la cancha, sintió que la rodilla se le fue. Con un esfuerzo casi inhumano, corrió por toda la cancha. Lezama pensaba “Dios mío, si me queda una pelota, que no sea para la derecha porque me voy a quedar sin pierna”.

El 7 de octubre del 2009 fue la última aparición de “San Kanú” en una cancha de fútbol. Al terminar el juego, ya con Venezuela eliminada, Lezama pensó que ahora les tocaba despertar del sueño que estaban viviendo junto a sus amigos.

Además de atravesar un momento complicado en lo deportivo por su lesión, en Egipto, Kabchi afirmó que Lezama no tenía contrato con ningún equipo, por lo que estaba libre para cualquier club que lo quisiera. Este comentario llegó a los oídos del hermano del dueño de Deportivo Italia y esto le terminó trayendo consecuencias negativas a Kanú.

El regreso a Venezuela fue una odisea total para Adrián. Para poder caminar, siempre iba apoyado en el hombro de algunos de sus compañeros, pues el dolor que sentía en su pierna era tan grande que le impedía caminar.

Esa fue la segunda vez que, por representar a Venezuela, hizo un esfuerzo tan grande que le terminó costando su salud. Se fue a Egipto con un dolor en la rodilla y regresó caminando con una sola pierna, si es que a eso se le puede llamar caminar.

El inicio del fin

Cuando Kanú regresó a Venezuela, llamó al director técnico de Deportivo Italia, Saragó, para saber que debía hacer. Este le dio unos días libres antes de reportarse de nuevo al equipo. Sin embargo, aquellos comentarios hechos en Egipto por el representante de Lezama, causaron grandes molestias en el club y poco a poco fueron apartando al jugador, hasta que se quedó sin equipo, lesionado y con una familia a la cual mantener.

La respuesta de Kabchi ante este problema, fue prometerle a Kanú que él mismo pagaría los meses de contrato que le debían, para que el jugador se pudiera concentrar en su recuperación.

Del quirófano al declive

Edmundo Kabchi envió a Lezama a Argentina para que fuera operado y se recuperara de su lesión en la rodilla. Por la tradición futbolística que hay en el país sureño, este plan se veía bien. Pero, como se estaba volviendo costumbre en la vida de Adrián, todo salió mal.

El encargado de operar a Kanú fue Walter Mira, médico de Racing Club de Avellaneda, uno de los equipos más históricos de Argentina. Según cuenta Lezama, el médico siempre andaba lento, como con sueño. El resultado de esto fue una mala operación en la rodilla que costó 15 mil dólares.

Durante el mes y medio que el delantero estuvo en Argentina, Mira lo recibió varias veces en su consultorio. Una de las anécdotas más llamativas de esta triste aventura, fue que tras la operación, Kanú fue a consulta y el médico le dijo “Che, boludo ¿y esos bigotes?”, y Lezama respondió “Eso lo hiciste tú”. Resulta que eran los hilos de los puntos, los cuales Mira ni siquiera recortó luego de cerrar la herida.

En ese mismo consultorio había dos kinesiólogos que atendían a Kanú. El primero era Óscar Rojas, que trabaja lunes, miércoles y viernes; mientras que el otro lo hacía martes y jueves. Con Rojas las cosas marchaban bien, pues cuidaba mucho de la rodilla de Kanú, pero con el segundo todo era diferente, ya que era demasiado brusco en cada uno de los ejercicios que hacía. Mientras uno lo recuperaba, el otro lo empeoraba más.

La operación fue por una rotura de ligamentos cruzados en la rodilla derecha. Es decir que Kanú jugó roto el Sudamericano y el Mundial.

Crónica de un retiro anunciado

En enero del 2010, al regresar a Venezuela, el Deportivo Lara se interesó en Kanú. En Barquisimeto, a Lezama lo esperaba Camilo González, un kinesiólogo que el equipo trajo desde Colombia. Era un profesional muy reconocido por su trabajo en el país cafetero. Al revisar la rodilla de Kanú, lo primero que dijo fue: “Este ‘man’ tiene el cruzado roto”. Al hacerle la resonancia que confirmaría o negaría este diagnóstico, se cumplió lo que se temía: aún después de su operación, Lezama tenía aún los ligamentos cruzados rotos.

Esto se tradujo en que el equipo decidió no firmar el contrato para no pagarle a Kanú seis meses de inactividad futbolística. Lezama pasó una vez más por el quirófano. Esta vez le practicaron un injerto de cadáver en los ligamentos cruzados. Tras esta nueva intervención quirúrgica, Kabchi envía a Lezama a Medellín, Colombia, para que el jugador se recuperara y volviera a Venezuela listo para jugar.

Sin embargo, en el país cafetero no tuvo ningún apoyo. El agente nunca le envió dinero y Kanú hizo milagros para subsistir. Fue gracias a Camilo González, el mismo que lo atendió en Barquisimeto, que pudo mantenerse. Tras varios meses en Colombia, Kanú regresó a Puerto Ordaz, mientras Kabchi seguía brillando por su ausencia.

Ya estando en Venezuela, el Deportivo Lara volvió por Kanú. Aunque también tenía ofertas de Mineros de Guayana y Deportivo Táchira, prefirió al cuadro larense porque era donde más tenía posibilidades de jugar. Además, a la vida de Lezama llegó Aarón, su segundo hijo, el 29 de septiembre de 2010.

El haber estado en Medellín impidió que Lezama hiciera bien su rehabilitación y todo se complicó porque aquel esguince en el tobillo que ocurrió en Cuba, aún no había sanado. El interés del cuadro rojinegro por Kanú era alto y por eso lo enviaron una vez más a Colombia, pero esta vez a Barranquilla, para que Ulises Quintero, kinesiólogo colombiano, tratara al jugador.

Tras 20 días de terapia y ejercicios, Quintero se da cuenta de que la situación de Kanú no mejoraba. Al realizar algunos ejercicios con el balón, Lezama sentía dolor en el tobillo. Unas nuevas resonancias revelan que no solo era un esguince, sino una rotura de ligamentos. Un talentoso delantero jugó con un tobillo roto y una rodilla rota el primer Mundial en la historia de Venezuela y nadie se dio cuenta.

Lezama regresó a Venezuela con un panorama desalentador. Todos los pronósticos se oscurecieron para Kanú, pues los médicos que lo trataron le dijeron que las dos lesiones, ambas mal curadas, le impedirían volver a jugar.

Sin embargo, el futbolista se integró al equipo de Barquisimeto y pasó meses entrenando apartado de sus compañeros, haciendo terapias que no daban resultado alguno. En diciembre de ese año, Lara prometió renovarle el contrato, pero el despido del técnico Carlos Eduardo Hernández, trajo consecuencias negativas para Kanú.

Buscando una luz que iluminara su camino, Lezama viajó a Puerto La Cruz para reunirse con Mazzoca, médico de la selección venezolana y ahí recibió una llamada que complicó aún más toda la situación.

Vía telefónica, la directiva del Deportivo Lara le informó a Kanú que ya no contaban con sus servicios. Y luego, un compañero de Lezama, lo llamó para decirle que se habían metido en su habitación y la habían desvalijado. Ropa, maletas, zapatos y hasta un Xbox, habían desaparecido. Esta fue la forma que utilizó Lara para despedir a Kanú.

Lezama contrató los servicios del abogado Barroso, quien le informó que el club no puede dar de baja a un jugador mientras está lesionado. Sin embargo, el argumento del equipo fue que como Lezama no estaba en Barquisimeto, podían rescindir de sus servicios.

El único artificio legal que podía defender a Adrián era una copia del contrato, pero la única que había se la quedó Kabchi, quien brillaba por su ausencia.

Kanú no le dio más vueltas al asunto. Simplemente decidió pasar la página para buscar la manera de recuperarse y así volver a las canchas, pero esto nunca pasó. Poco a poco, las lesiones se agravaron y se convirtieron en crónicas. Además, el tener la rodilla y un tobillo derecho mal, lo obligó a tener que afincar más sobre la pierna izquierda, lo que también trajo complicaciones.

Durante casi tres años, Lezama caminó sobre la punta de su pie derecho, pues la lesión en el tobillo le impedía afincar con normalidad.

Un grito del destino que no escuchó

Tras lo ocurrido, es normal pensar que era más sensato no haber ido a Egipto para poder hacer una rehabilitación adecuada. Pero es imposible pedirle a un muchacho de 19 años que no juegue el primer Mundial al que clasificó su país.

De hecho, el destino le envió una señal que pudo haber escuchado. En Maracaibo, antes del Mundial, cuando Lezama fue enviado con el equipo B de la Vinotinto, discutió con Lino Alonso y César Farías. En un partido señalaron un penal a su favor y Farías le ordenó a un jugador llamado Mario Sánchez que lo pateara, pero Kanú, tomó el balón y lo cobró. La jugada terminó el gol y pelea.

La actitud de Adrián molestó al cuerpo técnico y, aun sabiendo que estaba muy lesionado de la rodilla, comenzaron a reclamarle que no estaba corriendo lo suficiente. Los reclamos fueron tan fuertes que después del partido, Kanú le dijo a Kabchi que no quería jugar más con la selección.

Esto generó que entre Ivés, tío de Lezama y Kabchi, le insistieran tanto que lo convencieron de seguir con la Vinotinto.

Si Adrián hubiese abandonado la selección, no hubiera ido a Egipto y hubiese tenido más tiempo para recuperarse de la rodilla y el tobillo.

La esperanza es lo último que se pierde

Tras ser un niño inquieto que corría por las calles de Valle La Cruz, para luego convertirse en un futbolista que jugó en las canchas de muchos países, las lesiones convirtieron a Kanú en un hombre que casi no puede caminar. La vida de Adrián es un hilo de mala fortuna.

Primero fue la rodilla y luego el tobillo, pero actualmente son decenas de problemas físicos los que soporta Adrián. Tener mal una rodilla y un tobillo, lo obligaba a afincar más sobre la pierna izquierda. A la larga, esto le trajo complicaciones no solo en la zurda, sino también en la espalda. Las lesiones se fueron convirtiendo en crónicas. Son más de diez años caminando mal.

Tras aquella operación en Mérida, en la cual le limpiaron los meniscos, Lezama ha pasado 11 veces por el quirófano. Nueve intervenciones quirúrgicas en la rodilla derecha, una por las cortadas en el accidente y una en el tobillo.

Todo esto se resume en una vida complicada, pues no puede pasar demasiado tiempo de pie, tampoco demasiado tiempo sentado, y ni siquiera demasiado tiempo acostado.

Las condiciones de Lezama le complican trabajar. Por un tiempo fue entrenador de niños en la Academia de fútbol Lala, en Puerto Ordaz, pero se le hacía imposible estar en una cancha por demasiado rato.

No tener trabajo se resume en no tener una entrada de dinero constante y eso se transforma en no poder darle todo lo que quisiera a sus hijos.

El objetivo actual de Kanú es irse a Argentina para someterse a una operación que espera sea la última, para luego hacer rehabilitación. No con el deseo de volver a jugar, sino con la esperanza de poder llevar una vida normal que le permita salir adelante.

Un excompañero argentino que jugó con él en Zamora le prometió ayudarlo. Pero necesita aproximadamente 10 mil dólares para poder costearse la operación, el hospedaje y las terapias. Sería un año en el país sureño, para así poder volver a Venezuela caminando mucho mejor.

Lamentablemente, para conseguir viajar, Lezama necesita ayuda. Él solo no puede.

Durante todo su trayecto futbolístico, Lezama compartió con un montón de gente que tienen tanto el estatus y los contactos, como la posibilidad económica de ayudarlo, pero que no se han preocupado por él.

La historia de Adrián Lezama, el joven que luchó hasta el final la pelota que llevó a la Vinotinto a su primer Mundial, es ignorada por muchos venezolanos.

“Me lesioné con la selección y perdí mi carrera por la selección. Estuve en la primera clasificación a un Mundial y di todo por mi país”, dice Adrián José Lezama Español.

Kanú, literalmente, dejó la vida en la cancha.

Rodrigo Piñón

Fue quien auxilió a Lezama tras el accidente de tránsito. Conoce a Kanú desde que se mudó a Caracas para jugar con el Santo Tomás de Villanueva. Adrián considera a “Rodri” como un gran amigo de vida.

“Adrián era un chamo muy humilde, siempre se le notaban las  ganas de surgir y salir adelante. Nunca las tuvo fácil. Vivió en un hotel en Sabana Grande con Tomás Rincón y Luis Vargas”.

“Cuando era joven competía con generaciones anteriores a la suya. Siempre tuvo la calidad para estar a la par con jugadores mayores, por eso llegó a su generación fortalecido. Era de los mejores de esa Selección”.

“Ojalá lo tuviéramos en la selección actualmente. Kanú tenía grandes cualidades. Era rápido potente y fuerte, además le pegaba  muy bien al balón con ambas piernas y era excelente en el juego aéreo”.

Piñón no conocía el estado actual de Lezama. Solo sabía que su carrera había terminado a causa de las lesiones.

“En el fútbol venezolano son así. Cuando estás bien, todos te quieren. Cuando ya no les sirves, te olvidan. Es lamentable”.

Francisco Flores

Jugador clave en la Selección Sub 20 que clasificó al Mundial de Egipto 2009. Fue el primer venezolano en lucir la cinta de capitán en un campeonato mundial de fútbol. Compartió con Adrián durante todo el ciclo con la Vinotinto Sub 20.

También estuvo junto a Lezama en su primera convocatoria a la Selección absoluta, que hizo Richard Paéz en el ya lejano 2007.

Actualmente jugador de mucho renombre en Venezuela. Ha sido llamado en varias ocasiones a la selección absoluta, incluso para jugar partidos de Eliminatorias mundialistas.

“Adrián es una excelente persona y un mejor amigo. Tuve la oportunidad de compartir con él mucho tiempo mientras estuvimos en la Selección. Era uno de nuestros referentes”.

“Fue uno de los primeros jugadores juveniles que en esa época debutaron en el profesional sin necesidad de la regla del juvenil. Demostraba su talento día a día y se ganó la confianza de muchos entrenadores, cosa que a otros nos costó mucho por la edad”.

“Era muy importante en nuestro grupo por la experiencia que nos aportaba. Lo demostró en el Sudamericano, haciendo un gran partido el día decisivo, que fue contra Uruguay”. Este partido que Kanú jugó con los ligamentos de la rodilla y tobillo rotos.

Flores tiene contacto con Kanú y ha llegado a coincidir con Adrián.

Ronald Garcés

Fue uno de los porteros que estuvo en el Mundial de Egipto 2009. Compartió con Kanú varios años en la Selección.

“Me complace mucho hablar de estas anécdotas, todos los del equipo éramos una familia y creo que se ve reflejado con el paso de los años. Nuestra generación estaba llena de muy buenos jugadores”.

“Kanú fue mi compañero y lo considero un hermano. Recuerdo siempre dentro y fuera de los entrenamientos hablar con él, sobre todo reírnos. Es una persona sumamente alegre pero siempre enfocado en lo que quería. Las experiencias que viví junto a él y con el resto del equipo son imborrables, es lamentable que no pudo seguir jugando estoy seguro que iba a llegar lejos”.

“Recuerdo que a él le gustaba muchísimo una marca de ropa y andaba vestido siempre de pies a cabeza de la misma, yo lo molestaba mucho y me reía de kanú por eso. Siempre le gusto andar coqueto. ”

Ronald. Desconocía la situación actual de Kanú, había pasado bastante tiempo desde su última comunicación. Después de esta conversación, se pusieron en contacto.

Pablo Camacho

Defensa lateral de la Selección Sub 20 que clasificó al Mundial de Egipto 2009. Fue titular en el debut mundialista de la Venezuela ante Nigeria.

Ha tenido varias participaciones con la Selección absoluta y es un jugador muy importante en el fútbol venezolano.

“Adrián es un gran ser humano. Siempre fue humilde y se caracterizaba por trabajar con alegría y mucha actitud. Era sencillo, sin muchas extravagancias y con los pies en la tierra. Nunca se sintió más que nadie, aunque consiguió cosas importantes a nivel deportivo”.

“Como jugador era increíble. Yo no había llegado a debutar en el fútbol profesional cuando ya él tenía bastantes partidos en Primera División. Sus condiciones y su calidad lo convirtieron en un referente en todos los equipos que jugó. En la Selección era fundamental”.

“Lamentablemente tuvo lesiones que me atrevo a decir que le costaron su carrera. Yo estuve presente cuando se lesionó la rodilla izquierda y por poco se pierde el Mundial. De hecho, en Egipto jugó con la rodilla infiltrada y muy hinchada”.

“Es una persona valiente, que se vio abandonado porque tuvo otra lesión que no pudo ser operada porque no contaba con las condiciones económicas. Recuerdo que hicimos donativos para ayudarlo, y que la Federación también se comprometió en colaborar, pero se demoró mucho”.

“En el 2012, cuando jugaba en Anzoátegui, recuerdo haberlo visto en una silla de ruedas, operado de ambas piernas”.

“Es lamentable porque es un gran colega y un gran amigo. Su situación me molesta y me dolió muchísimo. En mi pasantía en Anzoátegui lo ayudé con lo que pude, aporté un granito de arena”.

Camacho no tiene comunicación con Adrián. Solo sabe de su estado actual por las redes sociales.

“Por redes sociales lo he visto compartiendo con su familia, pero sé que siempre le hará falta el fútbol, porque es de dónde venimos”.

José Manuel Velázquez

Defensa central de la Selección Sub 20 que clasificó al Mundial de Egipto 2009. Fue titular en todos los partidos e Venezuela en Egipto. Marcó el primer gol de la victoria ante Uruguay en el Sudamericano.

Compartió con Adrián desde que eran muy pequeños. Jugaban en equipos rivales en Puerto Ordaz, pero luego pasaron a ser compañeros. Ambos eran representados por Kabchi. “Sema” Velázquez se salvó, casi por casualidad, de estar en el carro el día del accidente de tránsito.

Recibió constantes llamados a la Selección absoluta y ha jugado en Europa y varios países.

Se dicen “malignos” por cariño. Kanú lo considera uno de sus mejores amigos.

“Es una persona muy noble, que ha pasado por momentos bastante duros en su vida”

“Es uno de los amigos más grandes que me ha dejado el fútbol. Es de mi ciudad y lo conozco desde que éramos niños. Desde pequeños nos enfrentábamos. En Puerto La Cruz tuvimos la oportunidad de vivir juntos”.

“Enfrentar a Kanú como jugador era una pesadilla. Era muy complicado por su potencia. Era como intentar frenar un camión. Tenía velocidad, técnica y potencia, además de muy buena pegada”.

“Sema” Velázquez es uno de los excompañeros que más contacto tiene con Kanú. Lo ha ayudado económicamente en varias ocasiones.

“Conozco la situación de Adrián. Sé todo lo que le ha costado vivir tranquilo su día a día por el tema de la lesiones”.

Rafael Romo

Portero titular de la selección Sub 20 del 2009. Fue fundamental en la clasificación de Venezuela a su primer Mundial de fútbol.

Desde que estuvo en la Sub 20, ha estado en la órbita de la selección absoluta. Ha tenido un amplio recorrido en el fútbol venezolano y europeo. Con el paso de los años se convirtió en el portero titular de la Vinotinto.

“Tenía mucho talento. Igual o incluso más que Salomón –Rondón-. Era rápido, con mucha potencia. Tenía mucha proyección y por las lesiones no pudo continuar”.

Romo y Lezama no tienen comunicación y es poco lo que el guardameta sabe de su excompañero.

“De su situación actual sé muy poco. La última vez que tuvimos contacto fue hace un par de años, cuando trabajaba en la academia de fútbol que teníamos mi compañero “Sema” Velázquez y yo”.

“Sabía que estaba esperando para poder operarse y así continuar con una vida normal, alejada de sus problemas físicos que le impiden hacer la vida diaria que todos hacemos”.

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